PSV 1988: cómo ser campeón de la Champions sin ganar un solo partido desde cuartos de final

La practicidad fue la cualidad que llevó al PSV Eindhoven a ser campeón de Europa en 1988. El equipo holandés no ganó ninguno de sus últimos cinco partidos, pero aun así consiguió el título más codiciado del Viejo Continente a nivel de clubes. En la Copa Intercontinental se las vería con Nacional.

PSV, como monarca europeo, enfrentó a Nacional en la final de la Copa Intercontinental de 1988. En esta ocasión, perdería el título por penales.

La Copa de Europa de 1988 deparó una gran sorpresa: PSV Eindhoven sería campeón con un enrevesado cierre de torneo. El equipo dirigido por Guus Hiddink se quedaría con el título sin sumar un solo triunfo desde los cuartos de final.

Ganar es sinónimo de éxito en el fútbol y en cualquier deporte, pero los holandeses encontraron en el empate (y el mayor valor de los goles como visitante) una vía de escape eficaz para superar algunos escollos encumbrados, como el que supuso Real Madrid en semifinales, por ejemplo.

El PSV empató los últimos cinco partidos para conseguir su primera y única Champions League, aunque en aquel entonces el certamen tenía otra denominación.

EL COMIENZO DE LA HISTORIA

El equipo patrocinado por Phillips venía de ganar dos ligas holandesas consecutivas, pero parecía debilitado porque se había desprendido del Balón de Oro de 1987, Ruud Gullit, quien fue transferido al Milan de Italia a cambio de 1,2 millones de florines holandeses (unos 7 millones de euros).

Para tener una idea, fue más o menos lo que pagó Napoli a Barcelona por Maradona en 1984.

Pese a quedarse sin un jugador clave, Hiddink armó un equipo sólido, sacrificado y con un juego muy práctico, con algunas figuras jóvenes que prometían (como el defensor Ronald Koeman) y con varios jugadores de calidad: Hans van Breukelen, Wim Kieft, Gerald Vanenburg y el capitán Erik Gerets.

EL FORMATO

La Copa de Europa estaba reservada en ese entonces para los campeones de las ligas nacionales.

El formato era simple: 32 equipos que se eliminaban entre sí en cinco fases, en series de ida y vuelta hasta las semifinales y a partido único en la final.

El PSV eliminó con mucha dificultad al Galatasaray de Turquía en dieciseisavos de final.

Los holandeses parecían haber sentenciado la serie en Eindhoven con una goleada 3-0 cimentada en el segundo tiempo con anotaciones de Gillhaus (56’), Koeman (75’) y Koot (89’).

Pero la revancha en Estambul sería un sufrimiento: Galatasaray se puso 2-0 antes de terminar el período inicial y los visitantes a duras penas pudieron evitar el tercer gol turco que hubiese empatado la eliminatoria.

En octavos de final, PSV enfrentó al Rapid de Viena y resolvió el cruce sin sobresaltos, imponiéndose 2-1 en Austria y 2-0 en Holanda. Esas serían sus últimas victorias en la competencia.

Porque más tarde, PSV solventaría los cuartos de final ante Bordeaux de Francia con dos empates: 1-1 en Burdeos y 0-0 en Eindhoven, haciendo valer oro el gol que consiguió Wim Kieft en territorio galo.

En semifinales, llegó el gran reto: el Real Madrid de Emilio Butragueño y compañía.

El conjunto merengue había llegado a dicha instancia en forma brillante, dejando por el camino al Napoli de Maradona, al vigente campeón Porto de argelino Madjer y al Bayern Munich de Lothar Matthäus.

El juego de ida se desarrolló en el Bernabéu y se temió lo peor para el PSV cuando Hugo Sánchez -de penal- marcó la apertura para los locales a los 5 minutos. Pero la historia dio un giro inesperado y a los 19’ llegó el empate por intermedio de Edward Linskens.

Ese golpe desconcertó a los blancos, que fueron incapaces de recuperar la ventaja y se vieron obligados a viajar a Holanda con la necesidad de convertir un gol.

En Eindhoven, Real Madrid asumió el protagonismo y tuvo las mejores situaciones del partido, pero fue incapaz de batir a un impecable Van Breukelen.

El PSV, que sufrió la baja de Koeman, mantuvo el 0-0 y se aseguró la final. Una vez más, sacaba petróleo del gol anotado fuera de casa.

LA FINALÍSIMA

El partido por el título se disputó en Stuttgart ante Benfica, un histórico de la competencia que regresaba a la final tras 20 años de ausencia.

El equipo portugués (dos veces campeón y cinco veces finalista en la década del 60) había despertado de su letargo europeo para eliminar a Partizán de Albania, Aarhus de Dinamarca, Anderlecht de Bélgica y Steaua Bucarest de Rumania.

La final fue muy cerrada, con dos equipos que se preocuparon más por defender que por atacar. Benfica acusó la baja de Diamantino, su mediocampista estrella, y los 90 minutos terminaron con empate sin goles.

El alargue no cambió la tónica del duelo y el campeón tuvo que resolverse por penales.

No hubo fallos en la tanda inicial de 10 ejecuciones, por lo que se pasó a un remate por equipo hasta que uno de los dos fallara.

PSV anotó y puso la definición 6-5. A continuación, Van Breukelen contuvo el penal del defensor portugués António Veloso y desató la locura holandesa.

De esa forma, PSV ganó su única Copa de Europa y Benfica siguió “sufriendo” los efectos de la maldición de Bela Guttman, quien 36 años antes y tras ser despedido por el club portugués, vaticinó que éste no volvería a ganar un título europeo en 100 años. Ya van 58, pero esa es una historia que repasaremos en otra oportunidad.

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