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La gran epopeya griega

Ha habido muchos campeones sorprendentes en la historia del fútbol, pero ninguno como Grecia, quien ganó la Euro 2004 sin un solo jugador de jerarquía y con un palmarés vacío de logros.

No es un sueño, es la realidad: Grecia es campeón de Europa.

Se esperaba que la magia del francés Zidane, la categoría de Figo, la clase del inglés Beckham o el talento del italiano Totti hicieran la diferencia en la Eurocopa de 2004. Poco o nada se esperaba de los 23 humildes jugadores griegos que desembarcaron en Portugal como una de las selecciones con menos posibilidades de hacer historia (junto a Letonia y Bulgaria), según las casas de apuestas del Viejo Continente.

Pero esa Grecia estaba destinada a desafiar el sentido común para demostrar que los equipos ultradefensivos también pueden ser campeones.

Su éxito era inimaginable. Era incluso improbable que pudiese superar el duro grupo inicial que compartía con Portugal, España y Rusia.

Pero el DT del seleccionado heleno, el alemán Otto Rehhagel, tuvo la virtud de conocer las limitaciones de su equipo y definir la estrategia de combate en base a ellas.

Grecia fue capaz de enfocarse en mantener su arco en cero sin inhibiciones. Si lo conseguía, sabía que con una sola jugada de ataque podría resolver cada partido. No se le podía pedir mucho más a su ofensiva.

LA PRIMERA SORPRESA

El debut presentó la primera prueba de fuego: el anfitrión Portugal.

Y los griegos no desaprovecharon la oportunidad para mostrar lo que eran capaces de hacer, en base a una defensa férrea y al voluntarismo inquebrantable de todo el equipo.

Con goles de Karagounis (7’) y Basinas de penal (51’), Grecia conseguiría algo que sería irrepetible: anotar dos veces en un mismo partido.

El descuento a los 93 minutos del joven Cristiano Ronaldo (de 19 años) no pudo evitar el primer batacazo griego. No sería el último, claro.

UN EMPATE CLAVE

El segundo rival fue España y los muchachos de Rehhagel se verían en desventaja por primera y única vez en toda la competencia.

El gol de Morientes (28’) modificó las necesidades de ambos, pero no el planteo de Grecia, que se mantuvo ordenada y replegada, esperando su oportunidad.

La tendría a los 66 minutos en los pies de su centrodelantero Angelos Charisteas, cuyo zurdazo rescató un empate que valdría oro.

Grecia sabía que debía ser efectiva y lo fue: una llegada a fondo, un gol.

DERROTA Y CLASIFICACIÓN

El último partido del grupo fue un verdadero suplicio para Grecia, quien estuvo a punto de naufragar ante Rusia, que venía de perder sus dos juegos previos y no tenía opciones de superar la fase.

Los rusos tuvieron un arranque fulminante y a los 17 minutos ya ganaban 2-0. Con ese resultado, el equipo griego se despedía del torneo.

Pero llegó el gol tranquilizador de Vryzas sobre el cierre del período inicial. Y en el complemento, Grecia defendió con uñas y dientes ese 1-2 que valía la clasificación.

LAS RONDAS ELIMINATORIAS

En cuartos de final, Grecia se encontró con la Francia de Zidane, Henry y Trezeguet, defensora del título ganado cuatro años antes.

Lo que parecía ser un trámite sencillo resultó una pesadilla para los galos, que no encontraron los caminos para romper la seguridad defensiva de los griegos.

El golpe de nocaut llegó a los 65 minutos, cuando Charisteas clavó un cabezazo en el ángulo, aprovechando el centro preciso de Zagorakis.

Grecia daba otra sorpresa. Tampoco sería la última.

DUELO DE REVELACIONES

En semifinales lo esperaba República Checa, la selección que mejor imagen había dejado a lo largo del torneo. Los 90 minutos iniciales serían un sufrimiento para Grecia.

El equipo que lideraba Pavel Nedved (el Balón de Oro de 2003) dominó las acciones y generó una chance tras otra, pero la pelota se negó a entrar, ya sea por los palos, las intervenciones del arquero griego Nikopolidis o por la propia imprecisión de los checos en la definición.

En el alargue se invirtieron los roles y Grecia, sorpresivamente, fue al frente: presionó con un gran despliegue físico y atacó con insistencia.

Y tuvo su premio en la última jugada del primer “chico”, con un testazo del zaguero Traianos Dellas que terminó en la red.

Como en ese entonces regía la peculiar ley del “gol de plata”, no se jugó el segundo tiempo de la prórroga y Grecia selló su presencia en la final.

CAMPEONES DE EUROPA

Portugal y Grecia, que habían protagonizado el partido inaugural del torneo, volvieron a encontrarse en la final, algo sin precedentes.

Con todo un país detrás, el factor campo a su favor y un rival presumiblemente inferior, parecía ser el momento de Portugal. Pero los lusos fueron incapaces de derribar el muro que levantó Grecia delante de su arco.

El “catenaccio” de Rehhagel volvió a dar resultado y en su único remate al arco, Grecia consiguió el gol que le dio el título.

El héroe de la noche fue Charisteas, el “9” titular de Grecia que era suplente en el Werder Bremen de Alemania y apenas había jugado 848 minutos en toda la temporada.

Lisboa, que esperaba la consagración local, terminó siendo escenario de un milagro digno de las mejores epopeyas helenas.

Y la Euro que iba a consagrar el fútbol de Zidane, Figo, Beckham o Totti, terminó rindiéndose a los pies del aguerrido capitán griego Theodoros Zagorakis, elegido mejor jugador del torneo.

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